De cabezones y valientes

Hoy escribe para el blog el autor Paul D. Losinj.

A continuación, pone sobre la mesa dos cualidades excepcionales para que cualquier escritor alcance el éxito y sus metas (aunque el éxito es relativo, ya que, para cada uno puede significar alcanzar cosas diferentes -creo que va muy ligado al grado de satisfacción personal-): la cabezonería y la valentía.

En el siguiente texto, Paul nos relata su filosofía, y cómo afronta el oficio de escritor. Os animo a seguir leyendo, porque mi opinión es, que no va mal encaminado. De alguna forma me siento identificado con él.

De cabezones y valientes

septiembre 26, 2020 por Paul D. Losinj.

Suele reconocerse la cabezonería como un defecto. Yo, sin ir más lejos, vengo de una familia de cabezones, y muchos de mis amigos también lo son. A muchos cabezones no los podrás convencer de que no tienen razón, por mucho que tus argumentos sean dignos de una tesis doctoral. Y es verdad, la cabezonería puede ser un gran obstáculo en muchas de las aristas de nuestra vida. Yo, lo sé, porque por conveniencia y herencia, tanto geográfica como por genética, me ha tocado ser uno de estos cabezones: Orgullosos, obtusos, parciales.

Ismael Santiago: «A veces, yo también soy un poco cabezón. Sobre todo me lo dicen en casa. Creo que todos tenemos un poco de esto».

Del mismo modo, y refiriéndome a los mismos individuos, puedo deciros que os hablo de personas valientes. Sí, somos gente echada hacia adelante. Muchas veces no titubeamos. Creemos ser inmortales, y tener la obligación de defender y ayudar a aquellos que se paralizan ante situaciones inesperadas. Entregados, sin miedo al cambio, determinados.

A priori, todo el mundo se considerará de los segundos y evitará ser etiquetado como: «cabezón». Ojo, que no son cualidades vinculadas. Habrá cabezones cobardes, y valientes que solo sean valientes. Pero da igual. A lo largo de la vida he descubierto que, como tantas otras cosas, cualquier cualidad bien enfocada ayudará a cualquier persona (en cualquier ámbito) a alcanzar el éxito. Y del mismo modo, cualquier cualidad de manera desmedida, por muy positiva que sea, será como esos palos que se meten en ruedas.

Pongamos un ejemplo: En un partido de tenis el cabezón intentará ganar el partido, aunque vaya perdiendo 2 sets a 0 y sea punto de partido para el contrario. Correrá como si fuera la primera bola, todo lo que el cuerpo le permita. Y ojo, que hasta que no termine el partido no habrá perdido. ¿A quién no le gusta ese tipo de jugador? De raza. Fuerte. Comprometido.

Por otro lado, y si habéis estado alguna vez en un foro de debate, pensad en esa gente que no tiene ningún miedo a dar una opinión completamente errónea como verdadera (cosa bastante habitual en Twitter, y en general, en esta era en la que todos presumimos de tener un océano de conocimiento, obviando que tiene un centímetro de profundidad). ¿Quién quiere ser de esos que opina por opinar, en vez de hacerlo una vez que ha contrastado la información de verdad? A priori, nadie.

Pues bien, ambas son cualidades excepcionales para un escritor, siempre que estén bien enfocadas. El que se sienta todos los días, el que planta en su vida la semilla de la rutina, y el que sigue un camino aun sin saber si algún día tendrá destino, es el único que alcanzará sus metas. El escritor valiente, que no tema a la opinión de los demás, pero que sepa escuchar, absorber las críticas y transformarlas en conocimiento, es el único que alcanzará el éxito.

Si quieres ser escritor, aquí va un pequeño decálogo de valientes y cabezones:

  1. Lee. Lee mucho. Empéñate en ello. Si no tienes tiempo para leer, no tendrás tiempo para escribir.
  2. Escribe, escribe una barbaridad. Constancia, constancia y constancia.
  3. Asume que todos (en palabras de Stephen King) escribimos mierda; sé valiente para borrarlo. No te preocupes por ello, porque como vas a ser cabezón escribirás mucho más.
  4. Escribe para compartirlo.
  5. Escucha lo que otros puedan decirte. Apunta y aprende. Sabrás a estas alturas diferenciar entre los «valientes» que no tienen ni idea, y los que de verdad aportan cosas a tu escritura.
  6. Y atrévete. Sal al ruedo. Estudia las infinitas oportunidades que existen ahora mismo para publicar un libro, en las que «solo» tendrás que poner tiempo y parte de tu alma.

No seas el cabezón que cree que todo lo que escribe es una maravilla. Eso es imposible. Ni el valiente que publica todo lo que escribe, sin criterio, sin formarse, sin corregir, sin escuchar. Sé el cabezón que se sienta y es constante; el que siempre va más allá de lo que él creía, y el valiente que se atreve a recibir críticas y solo tiene en cuenta las constructivas; el que aprende y se lanza a destruir lo que ha creado para crear algo mejor.

Paul D. Losinj: Que la cabezonería no te ciegue, y el miedo no te paralice.

Vías de contacto y libros del autor:

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-Facebook: Paul D. Losinj

-Web: http://pauldlosinj.com/

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